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Recuerdos del primer gol de Tomy

Emocionante relato de un papá con el primer gol de su hijo mayor... Imperdible.

Hoy Tomy metió su primer gol oficial en una práctica. ¡Una gran emoción y felicidad para todos! Pero la cosa no fue tan fácil así como suena sino que como si fuera una película dramática todo comenzó realmente muy complicado y hasta podría decir que algo triste.

Al comienzo de la práctica el profe pita penal, "Pateá Tomy" dice. ¡Chan! ¡Era la oportunidad que había estado esperando todo el año, cada entrenamiento y cada jugada! Todos los martes y jueves volvíamos hablando de que ya iba a venir ese golcito loco que tanto se hacia desear. Llegó el momento y de la manera más difícil tenía que ser.

Pareciera que el destino le dijo: "¿Así que querés meter un gol, Tomacito? Bueno, ¡dale! Ahí tenés un penal, ahora andá y metelo". Si, porque una cosa es patear un penal aislado cuando ya somos unos goleadores viejos... y otra muy distinta es con la presión de convertir por vez primera.

Así que nuestro pequeño amigo se dispuso a patear el complicadísimo penal. Ya sufría yo desde la tribuna sin saber claramente por qué (tal vez ahora pueda contarles que me preguntaba inconscientemente ¿por qué tenía que tocarle esa prueba tan complicada a mi chiquitín cuando había tenido tantas oportunidades más fáciles que pasaron tan cerca del arco?). Pero era así y había que confiar en que iba a salir bien.

Como todos imaginan, no fue así. ¡El bobis se la tiró a las manos del arquero! ¡Casi me largo a llorar! ¿Tan difícil iba a ser que la meta el pobre infeliz? La pesadilla era realidad y había que digerirla.

Me fui calmando cuando vi que Tomás seguía jugando como si nada. La situaciones se sucedían, cada vez lo merecía más y cada jugada me sorprendía más lo cerca que estaba y lo bien que estaba jugando mi pequeñito. Era Milito en "version mini" pero con la camiseta de Bou que justo hoy estrenaba. Tenía que ser hoy. No podía ser tan cruel la historia esta.

Fue así que en una jugada que vino por la derecha le queda un rebote en la puerta del área y luego de acomodarla con calidad la puso al lado del palo derecho del arquero para salir gritando a abrazarse con sus compañeritos y desatar la felicidad de todos. Luego de la euforia levantó la mirada y me buscó en la tribuna para levantar su dedo pulgar con una sonrisa gigante. Tenía que ser así. No podía ser de otra manera. ¡Fue el primero de miles! Ahora a aprender a patear penales.

Por Carlos Andrés Herrera

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